El sexo y la delincuencia

El sexo y la delincuencia

13/Junio/2020

¿Qué tan bajo puedes caer? segunda parte

En la primera parte de este tema, desarrollamos el por qué lo hacemos”, que motivos tenemos para caer bajo, que alternativas de escape se nos presentan y algunas consecuencias de esas alternativas, en esta segunda parte nos enfocaremos en dos temas:

  • Tener Sexo.
  • Cometer alguna travesura que en ocasiones puede ser algún delito.

Estos temas lo desarrollaremos con la finalidad de analizar las consecuencias que podemos tener si seguimos nuestros impulsos, si dejamos la sabiduría de Dios a un lado y nos dejamos llevar por malos consejos, Dios nos aconseja en su palabra, en

Deuteronomio 30:15 Hoy deben elegir qué prefieren. ¿Quieren que les vaya bien, o quieren que les vaya mal?¿Quieren tener vida, o prefieren la muerte?

Caer bajo es olvidar nuestros principios, es cuando realizamos cosas inmolares que perjudican drásticamente nuestras vidas, inicialmente no vemos las consecuencias pero sabemos que estas corren más rápido que nosotros y en algún momento nos alcanzan.

1. Tener Sexo

Cuando somos adolescentes empezamos a experimentar cambios hormonales en nuestros cuerpos, nos sentimos curiosos y es común querer experimentar placer, pero nuestros principios nos hacen esperar hasta tener la mayoría de edad y encontrar una persona ideal para casarnos y disfrutar esa vida sexual que tanto deseamos.

Pero, qué pasa si nuestros principios son rotos por emociones que no sabemos controlar, o por alguna sustancia que podemos ingerir; es allí donde el tener sexo es una vía de escape y nos hace caer bajo, nos hace dejar a un lado esos principios que podían evitar que cayéramos en este gran pecado. Tener relaciones sexuales sin estar casados es inmoral y Dios lo cataloga como pecado, el libro de

1 Corintios 6:18 ¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como éste, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo.

Consecuencias:

En Colombia el 28% de los hombres comienzan su vida sexual antes de los 18 años, a su vez el 18% de las mujeres también lo experimentan antes de la mayoría de edad, cada año son miles de jóvenes a nivel mundial que ve el tener relaciones sexuales como un requisito para ser grandes, y sabemos que el deseo de todo adolescente es ser grande, sentirse un adulto, a parte de este deseo están  otros factores que impulsan a los jóvenes.

Como lo mencionamos en la primera parte; existen problemas familiares, escolares que motivan a tomar vías de escape, además, el practicar esto se libera dopamina en el cerebro lo que causa placer y a su vez trae una adicción, ya que es común que una persona que experimente placer lo intentara repetir.

Es importante resaltar a partes de las consecuencias como embarazos, enfermedades de transmisión sexual, y problemas psicológicos, experimentar una vida sexual como vía de escape nos trae una ruptura en nuestra santidad espiritual, si queremos ser hijos obedientes de Dios, debemos santificar nuestros cuerpos y no involucrarnos en estos actos que nos hacen inmundos delante de los ojos de Dios.

¿Qué debemos hacer?

Para no vernos involucrados en actos que posteriormente nos harán sentir muy mal, y que alterarán nuestro diario vivir, es importante tener una buena comunicación con Dios, buscar su palabra, ese texto lleno de sabiduría, buscarle en oración y rogar para que sea su Santo Espíritu guiando nuestra vida en todo momento.

Por otra parte, podemos buscar sabios consejos de nuestros padres, el Pastor en nuestra iglesia o algún líder que tenga experiencia en este tema, no debemos recurrir a nuestras amistades si estas no presentan consejos sabios para nosotros, como hemos analizado con anterioridad, nuestras amistades cuando somos adolescentes mayormente carecen de sabios consejos.

2. Cometer alguna travesura (delito)

Durante la etapa de la adolescencia es común ser traviesos, nos gusta hacer bromas y en ocasiones un poco pesadas, para nosotros es muy divertido, en el colegio es común el chico o chica que encuentra la parte divertida y saca gracia de cualquier situación, en mi país natal Venezuela lo llamamos “chalequear”, que es bromear.

Aunque sea muy común el ser bromista, siempre habrá limites, sabemos hasta donde llegar para evitar ser castigados, pero existen excepciones, estas son cuando tomamos la parte traviesa para desahogar nuestros problemas, durante mi vida he conocido muchos jóvenes que ponen de excusa sus problemas personales (mayormente del hogar), para portarse mal.

Es allí donde la excusa se transforma en un “derecho” para hacer lo que se les antoje sin tener limitaciones. Estos jóvenes que he tenido la oportunidad de conocer se satisfacen con tirar piedras a los faros de alumbrado público, lanzar botellas de vidrio para que se revienten, hacer grafitis en paredes no autorizadas, robar en algún supermercado un dulce. Esos han sido el comienzo de muchos a la delincuencia, comienza como una travesura y luego no se pueden controlar.

Consecuencias:

Lastimosamente varias personas con las que crecí, hoy en día son delincuentes, incluso algunos han estado en centros penitenciarios, otros les han dado de baja en algún enfrentamiento, y esta es la realidad de muchos países sudamericanos, y peor aún, las cifras cada año son más alarmantes.

Colombia no es la excepción, y una muestra de esto son las cifras reveladas por el INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) durante el año 2018, la cual nos indica que el 37,7% de la población penitenciaria son jóvenes con edades de 18 a 29 años, por otro lado el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar), que nos expone que los jóvenes cada día están tomando esta “vida fácil”.

El SRPA (Sistema de Responsabilidad Penal en Colombia), desde su implementación en el año 2007 hasta junio del 2017, registro un total de 233.055 ingresos, donde los delitos más comunes para los jóvenes y adolescentes son el tráfico y fabricación de estupefacientes con un 30%, luego los delitos por hurto con un 29%, y la fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones con 7%.

¿Qué debemos hacer?

Como lo mencionamos anteriormente es normal querer cometer alguna travesura, lo que no está bien es dejarnos llevar por las cosas que pasan a nuestro alrededor, podemos tener problemas de autoestima, problemas familiares, sociales, incluso podemos tener una gran separación espiritual con Dios, pero no debemos seguir esos impulsos de desesperación y desenfreno, recordemos lo que Dios nos dice en el libro de

Romanos 8:6 Por lo tanto, permitir que la naturaleza pecaminosa les controle la mente lleva a la muerte. Pero permitir que el Espíritu les controle la mente lleva a la vida y a la paz.

Debemos buscar una relación íntima con nuestro Señor Jesucristo a través del Espíritu Santo, para así evitar la muerte, y que sea Él quien guie nuestros pasos, nos ayude a controlar esa naturaleza pecaminosa, poner freno al deseo de hacer lo malo. Nunca es tarde para dejar que nuestro amado Señor nos restaure, no existe hueco tan hondo del cual no podamos salir con su ayuda, así seamos el más vil ladrón como el que estaba a su lado mientras era crucificado, si disponemos el corazón como ese ladrón lo hizo, Él nos rescatara, limpiara nuestras vestiduras y restaurara nuestro ser.

Conclusiones:

Sin importar cuál sea tu situación debes preocupar por tener una intimidad con Dios, ya que es muy fácil caer bajo, muchas veces estamos haciendo algo que para nosotros es “normal” y resulta que esto nos está haciendo retroceder, nos está condenando día tras día.

No debemos permitir que nuestras emociones nos impulsen a realizar cosas que pueden repercutir toda nuestra vida, somos personas con un alto nivel de entendimiento y raciocinio, aun así somos muy fácil seguir nuestras emociones, a pesar de que muy en el fondo escuchamos esa vocecita que nos dice: “mejor no lo hagas”, pero Dios nos enseña que somos nosotros quienes decidimos si hacemos lo correcto o lo incorrecto, por esta razón, debes orar mucho, para que Dios te revele en su Espíritu Santo cuales son los problemas de tu alma, y así afrontarlos para no caer en tentación.

¡Continuará!

Escrito por: Víctor Delgado.

Referencias

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