Las tres facetas

Las tres facetas

Mateo 7:7-8

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Tenemos ante nosotros aquí, la actividad primordial de un hijo de Dios. Y el ejemplo lo tenemos. No hay algo más frecuente en el itinerario del Señor Jesús en su primer paso por esta tierra, que la oración. En la biblia, quedó un registro claro del lugar preeminente que él le dio a este maravilloso hábito. Y antes de él, vemos figuras como Abraham, Moisés, David, Elías y Daniel, entre otros, que también tenían a la oración por una amiga inseparable.

Y acerca de esta gran amiga llamada oración, este pasaje de la escritura nos presenta tres diferentes facetas reveladas por nuestro Señor. Además, en estas facetas vemos involucrados tres pilares del discípulo de Cristo. La primera faceta es pedir. Un acto que indica sumisión, que indica el reconocimiento de carencia y debilidad frente a la persona a la cual se le está pidiendo.

El que pide está mostrando que no le importa estar en una posición inferior lo cual requiere que la persona sea humilde. Este es el primer pilar del discípulo que ora: La humildad. Hay personas que por diferentes circunstancias tienen un estilo de vida lleno de lujos y luego caen en desgracia. Muchos prefieren soportar toda clase de vicisitudes, antes que pedir ayuda, pues carecen de humildad.

El discípulo pide a su Dios porque se sabe necesitado y no le importa reconocerlo. La segunda faceta: Buscar. La oración involucra una dinámica incesante que no espera a que las cosas lleguen solas. El que busca está entendiendo que hay algo escondido. Que hay tesoros allí afuera esperando ser encontrados. Y la búsqueda implica esfuerzos, la búsqueda implica sacrificios. Implica dejar la comodidad de lo seguro para extenderse a conseguir aquello de lo cual no se tiene seguridad.

El que busca es alguien inconforme, alguien que pone todo de sí para obtener lo que quiere. Así pues, otro pilar del discípulo que ora es la diligencia. La tercera y última faceta de la oración presentada aquí es llamar. Este es un acto de confianza. Alguien llama a la puerta de alguien en quien confía.

Nadie llama si sabe que del otro lado hay peligros o enemigos. Por otro lado, si tocas una puerta, algo que siempre está de por medio, es la esperanza de que te abran. Y más allá de que te abran, la esperanza de poder conseguir lo que necesitas de aquel que está tras la puerta. Entonces, el último pilar del discípulo que ora es: La fe. Concluimos entonces, que el que no pide es orgulloso, el que no busca es perezoso y el que no llama es incrédulo.

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